En el avión de vuelta a Sevilla, con Ryanair. En este viaje hemos tomado un “vueling”, un “easyjet” y dos “ryanair”. Por comodidad en los asientos… EasyJet y después Ryanair. Los asientos de vueling son superestrechos, y ni si quiera me daba espacio para el fémur. Deberían habernos dado una sierra antes de subirnos al avión para cortarnos las piernas. Lo positivo de vueling s que se embarca como en una compañia estandar, quiero decir, se reserva el asiento al hacer el check-in online, por lo que no se forman esas carreras para coger un buen asiento. En easyjet, los que hacen el check-in online tienen embarque prioritario por detrás de los que compraron la opción de speed-boarding, algo es algo.
Hemos tenido mucha suerte en la vuelta. Tomamos el metro a eso de las dos en Queensway, la línea central. Nos dejó sobre las dos y media en Liverpool Street Station. No está nada mal de tiempo, pero era domingo. Eso el sábado era impensable con tanto españolito por el metro y las calles de Londres. A las tres menos veinte salía el siguiente Standsted Express hacia el aeropuerto. En el trayecto hubo un percance y el tren se detuvo. Al parecer había una bandera roja en la vía, y tuvieron que asegurarse de que estaba todo ok. Luego continuó la marcha.
Una vez en el aeropuerto comenzó el baile de contenido de maletas a las maletas de mano, ryanair sólo admite quince kilos por bulto facturado. A mí me sobraban dos y algo. Saqué cosas y las repartí y aún seguía sobrándome un maldito kilo. Entonces saqué más cosas y ya pude continuar facturando. Primer escollo superado sin bajas.
En el control de seguridad nos pasó casi de todo, a Antonio lo manosearon, a Bea e Isabel les hicieron sacar todo lo que tenían en la maleta de mano por un tubito de crema y unas bolas de esas de recuerdo con nieve que llevan agua. A Jesús y a mí nos cogió manía la que metía las cosas en el escáner. Segundo punto crítico superado sin consecuencias.
Nos dió tiempo de tomarnos algo en un “Pret A Manger” y salir hacia la puerta de embarque.
Mientras escribo estas líneas, yo estoy tranquilito escuchando música en la ventanilla, pero a mis compis les tienen mareados un grupo de sevillanos que se están contando media vida. Pobrecillos

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Fdo: Francisco M.





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